lunes, febrero 19, 2007

Andréi Tarkovski I: El Espejo


Me uno al homenaje que en tantos lugares se rinde al que considero el mejor director de cine de toda la historia, del cual lloramos el vigésimo aniversario de su muerte el pasado 29 de diciembre. He dicho el mejor director de cine. Es, al menos, el que ha conseguido emocionarme con mayor intensidad, el que me ha acercado a la belleza de modo más natural al tiempo que radical, el que más me ha enseñado sobre el séptimo arte y sobre la labor creativa en general. Lo haré con una serie de breves ensayos en los que pretenderé acercar la figura y la obra a quienes desconocéis al maestro ruso, y a quienes lo conocéis, mostraros porqué lo considero, como tantos, el mayor genio del cine.
En primer lugar, debo pedir disculpas a algunos autores que han escrito sobre Andrei, como Rafael Llano, Sobreviela, Marina Tarkovskaia o el propio Andréi Tarkovski. Si alguna de las ideas, tesis o incluso palabras que aquí aparecen las identifican como suyas, no es que intente robárselas, es que, tras la lectura de sus libros, las he hecho tan mías que ya no sé distinguir qué leí o qué pensé, qué es mío desde el principio y qué lo he transformado en mío después de leerlo.
La primera película de Andréi que vi fue El espejo (Zerkalo, 1974). Cómo acabé yo viendo esa película es un misterio; un amigo tenía ganas de verla el día de su cumpleaños. Recuerdo que no entendí mucho lo que quería decir, que no seguía el argumento, que era todo tan extraño y misterioso... Pero también recuerdo el impacto que me causó, atrapé intuitivamente la belleza que escondían esas imágenes. Cuando acabó la película un no sé qué me sobrecogió. ¿Te ha gustado? (Pregunta típica) Sí, pero no sé porqué, es más, no tengo ni la más remota idea de porqué esta película ha absorbido mis sentidos y mi espíritu de principio a fin.
Esto se hizo de una manera tan radical que durante un par de años quise volver a verla. Ver una película de Tarkovski en España no era nada fácil hasta hace un año. Acabé comprándola en Rusia. El director lleva hasta el extremo más insospechado los postulados estéticos del Realismo socialista: “¿Sobre qué puedo yo hacer una película que refleje tal y como es, sin un atisbo de mentira o subjetividad, la realidad?”, parece preguntarse. La única respuesta que encontró era que de lo único de lo que podía hablar en estos términos era sobre su propia alma, con toda su subjetividad a cuestas, eso sí. Por eso Zerkalo es una película de su alma, es su biografía interior, una introspección de su meta-intrahistoria, un paseo por su memoria en el que intenta traer al presente su pasado.
La película es eso, pero es mucho más. Es la oda más perfecta a la madre, a la mujer-madre que he visto nunca. Pero es mucho más. Es la película más lírica, más sugerente, más sobrecogedora en este sentido que conozco. Pero es mucho más. Es un documental de los años de vida de Tarkovski, porque la historia tocaba su alma; la guerra, la bomba atómica, la era estalinista, los años del deshielo, los niños españoles de la guerra… Pero es mucho más; son unas imágenes que parecen cuadros, unos diálogos y unos poemas que declaman los personajes, a veces, a veces, una voz en of. Es un montaje que consigue emocionar, conmover, hilvanado recuerdo tras recuerdo sin ningún tipo de lógica (racional). Es una obra de arte. Es un Poema en el sentido último de la palabra, al menos en el sentido que le daba Octavio Paz, porque la materia artística vuelve al hombre, al Hombre.
Lo que esperaba Tarkovski con esta especie de confesión no era, como puede suponerse, un acto de narcisismo o egolatría llevado a su extremo. Lo que él esperaba de ella era que el espectador se emocionara reviviendo no los recuerdos de Andréi Tarkovski, sino los suyos, cada espectador debe encontrarse, reflejarse en la película. Por eso se llama El Espejo. Os aseguro que lo consigue.
Esta película fue criticada tanto en la Unión Soviética como en Europa occidental por elitista, incomprensible, inasible para el espectador. Un crítico inglés decía que esa película jamás se hubiera podido producir en un país como Inglaterra, pues jamás hubiera encontrado productor ni público. Lo que este crítico inglés no sabía era que la película dio más dinero a Mosfilm y al estado soviético que todas las demás películas juntas que se produjeron en Rusia ese año. Lo que tendría que plantearse, plantearnos, es la mala educación estética y cinematográfica que hemos recibido en Occidente, quizá por esa comercialización que se ha hecho del arte.
He visto muchas veces la película. He leído de todo sobre ella. Pero lo mejor que hice fue verla por primera vez, de casualidad, y dejarme embriagar por su belleza. Pensar sobre ella vino después.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy discutible que Tarkovski sea el mejor director de la historia. Es más, me parece muy discutible que se pueda decir de nadie. Pero lo que no me parece discutible es que a ti sea el que más te haya emocionado, pues tu experiencia es única e intransferible. Con todo, no solo me encuentro muy lejos de tus gustos y tu sensibilidad, sino que me gustaría que vieses a John Ford o a Clint Eastwood, si no lo has hecho. A mí me pasa con ellos lo que a ti con Andrei.
Un saludo

Artemi dijo...

Los he visto. Son grandes. Pero juegan en otra división. Efectivamente no se puede decir de ninguno que sea el mejor...

Anónimo dijo...

Es un espejo, sí, pero roto. La mejor comparación para entender un poco esta película es quizá, al menos a mi me sirve, En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Proust siente el tiempo como perdido, lo busca en el pasado, Tarkovski siente el tiempo como actual, en el presente, me parece que lo que te atrapa de esta película es que "esculpe" la libertad, pero como es ruso siempre está pensando en una redención más allá del tiempo, es una pega. También me quedo con Ford, no estoy de acuerdo en poner a Clint en esta división. Saludos de un quidam

Artemi dijo...

Creo que no sólo piensa en la redención en el más alá, es más, pienso que en esta película no lo piensa en absoluto. Ford es bueno, cada vez que veo "El Hombre Tranquilo" me gusta más. Emociona. Pero su cine épico, sí, épico, está desfasado, me resulta anacrónico (nos movemos en un plano totalmente subjetivo, si resulto dogmático, no es mi intención). Estoy contigo en lo de Eatswood, pero no en que sea un espejo roto. Para él, como para Chillida (puedes leerlo abajo), el tiempo es presente y la memoria es presente y los recuerdos son más presente que el presente objetivo, por decirlo de alguna manera. Yo me veo en ese espejo mejor que en el del salón de mi casa.

Anónimo dijo...

Me parece demasiado simple y desfasado enmarcar a çFord en lo épico. Aunque sus narraciones tengan que ver con este tema (Homero está muy presente en "Centauros del desierto") va más allá. Hoy, casi todos convienen en destacar de él su lirismo, su tremenda poesía visual y su magisterio innegable.

Fulgencio Espa dijo...

¿Aquí nadie habla de Dreyer o Bergmann? Muerte, vida, condenación, mérito, redención, milagro, amor... Todo está en estos dos. Especialmente: Ordet, de Dreyer.
Y si no... me quedo con Jonh Ford y su "centauros del desierto". ¿Alguien sabe por qué tradujeron de tal modo el título y no conforme a su original, "los buscadores"?.
Gracias.

Artemi dijo...

La poesía está muy presente en Ford, desde luego. Es un hombre honesto y la que en mi opinión es su mejor película, "El hombre tranquilo", está llena de poesía, de lirismo, visual y argumentativo. De Bergman hablaremos más adelante, otro genio, con Dreyer, efectivamente.

Anónimo dijo...

Muy bueno lo de los recuerdos, tienes razón, es así, los recuerdos forman parte del presente y le dan sentido. Insisto en la trascendencia, creo que los rusos tienen ese problema, no introducen bien la trascendencia en el tiempo presente, sustituyen ese sustancioso ingrediente con sucedaneos, por ejemplo, la naturaleza como lo que permanece, como símbolo de lo absoluto. A eso me refería con su falta de trascendencia. De todos modos creo que es una película que la disfrutáis más los que tenéis sensibilidad artística, qué le vamos a hacer, los hombres comunes necesitamos a Ford y sus "searchers". Como se ve que D. Fulgencio es un sesudo intelectual, Dreyer, Bergman. A mi me encantan pero también Cantando bajo la lluvia. La variedad de géneros del cine es parte de su riqueza. Las películas son como los vinos hay muchas variedades y, a cierto nivel, todos están muy buenos. Un quidam