sábado, febrero 24, 2007

Andrei Tarkovski II: La infancia de Iván



La Infancia de Iván (1961) fue la segunda película de Tarkovski que se cruzó por mi mirada. Es el primer largometraje del maestro ruso, lo realizó con 29 años, ganó el Festival de Venecia entre otros muchos premios (fue el primer director soviético que logró el León de Oro) y la crítica internacional descubrió en el joven Andréi el genio que efectivamente fue.
El protagonista de la película, Iván, es un chico de diez años que pese a su corta edad trabaja como espía en el frente de batalla. Iván es un héroe, pero al mismo tiempo es un monstruo. Odia. Odia tanto que asusta a los propios mandos rusos que lo acogen y cuidan. Pero no solamente odia. También ama. Esta antítesis tiene su explicación. Los sueños que se intercalan a lo largo de la narración, una de las grandes genialidades de la película, nos muestra cómo era la vida de Iván antes de la guerra. Los sueños son cuatro; uno, el que abre la película, nos deja ver al niño que se asombra ante la naturaleza, que ama a su madre, que tiene una infancia como deben ser todas las infancias. Un disparo seco nos despierta de estas fascinantes imágenes, nos sugiere la muerte de la madre de Iván y nos lleva al frente, donde Iván ya no es un niño, aunque es un niño; un rictus extraño desdibuja su cara. Se esconde, sin duda, del enemigo. La realidad se hace presente de un modo tan brutal que el espectador se conmueve. Otro sueño cierra la película; los amigos de Andréi, con su madre cerca, juegan en la playa. La carrera de Iván persiguiendo a una niña cierra la película. Los sueños poseen una belleza extraordinaria, y el hecho de que acabe de esta manera tiene dos funciones, a mi parecer: mostrar cómo debe ser la vida de un niño y aliviar al espectador de todas las atrocidades que ha presenciado.
Si algo fue alabado en el filme (Sartre, Bergman…) fue la presencia de estos sueños a lo largo de la película. El hiperrealismo con que son grabados es una demostración más de la originalidad de Tarkovski y de la importancia que concede a los recuerdos, a la memoria.
Otra de las grandes genialidades de Tarkovski fue utilizar imágenes documentales de la toma de Berlín por el ejército rojo; las hijas de Goebbels asesinadas, el cuerpo de Hitler, del propio Goebbels, las ruinas de la ciudad… Estas imágenes parecen recordarnos que todo lo que hemos presenciado no es una ficción, es algo horrible que ocurrió, que jamás deberá volver a ocurrir.
Y lo último que quería destacar del largometraje es la presencia del grabado de Durero, algo que será una constante en todas las películas de Tarkovski, la presencia de la pintura. Lo que más llama la atención es el respeto con el que trata estas creaciones pictóricas, que tienen entidad artística propia; él las reproduce con una fidelidad y cariño que llama la atención. El estudio que hará en Andréi Rubliov del icono de la Santísima Trinadad es, quizá, la máxima muestra de lo que acabo de decir.
Película antibelicista, jamás propagandística, de una belleza y una profundidad extraordinarias.
Andréi, cuando sucedieron los tristes acontecimientos que recuerda la película, tenía la misma edad que Iván, el muchacho. Que en los sueños haya dos constantes no es casual; la naturaleza y la figura de la madre, como se ve en El Espejo, estuvieron siempre presentes en la vida de Tarkovski, especialmente en su infancia.
No sé si he reflejado bien algo de la película, ni si se perciben las hondas sensaciones estéticas y morales que subyacen de ella. Por eso, lo único que puedo hacer es invitaros a verla.

3 comentarios:

Artemi dijo...

Hace más de un año que la vi, pero quedarse sólo con la luminosidad de "Fresas Salvajes"... La película, es una de las mejores de Bergman, en mi opinión, un relato fantástico (en el sentido técnico de la palabra), como los mejores relatos de Cortázar. Cuenta una bella historia que en el fondo es una búsqueda del alma por parte del escritor que va a recoger el Nobel, una búsqueda del sentido de la vida y un viaje al pasado, a la memoria. La fotografía, desde luego, es magnífica.

Javier dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lou Cai dijo...

Mírate Arrebato, Artemi. Ya hay juez.