sábado, junio 02, 2007

Takeshi Kitano


Ayer vi por segunda vez Zatoichi (Japón, 2003) de Kitano. La primera vez lo hice con un amigo cinturón negro en judo y flipadillo del mundo samurai. Ver una película de este tipo con un friqui en la materia ayuda mucho, pues te va explicando cuestiones culturales y técnicas que si no se te escaparían. Por ejemplo, te extraña que en las peleas apenas se crucen las espadas, pero es que esto es así, lo que no es realista son las eternas peleas de Hollywood. Después de Los siete samurais , del maestro Kurasawa, creo que es la mejor película de este género que he visto, pues el cóctel de Tarantino, tan genial, se aleja mucho de la esencia de este mundo tan particular. En lo que sí se parecen es en la influencia de la estética cómic que en ambos aparece.

Kitano crea una película de ritmo muy conseguido, con flash backs acertadísimos, con las dosis de violencia muy medidas, aunque eso sí, muy violentas; de hecho, para desdramatizar la brutalidad de alguna juega con la sangre pintada sobre el fotograma, zumo de tomate desproporcionado que en el fondo sirve para recordarnos que eso es una ficción. Los personajes, presentados y esbozados con dos trazos es uno de los mayores aciertos; las diferentes subtramas que acaban uniéndose recuerdan a la tragicomedia de Lope, el humor tan particular de Kitano (lo conoceréis todos porque era el presentador de “Humor amarillo”) a mí me hace gracia. En fin, un poco de todo, el Kitano de siempre que sustituye las pistolas por espadas, nada más. Lo mejor, el espectacular baile final.


Muy diferente es otra película de Kitano que me gustó especialmente. La vi con varias personas y creo que fui el único al que de veras le gustó. Se trata de El verano de Kikujiro (Japón, 1999); Masao, un niño de nueve años, decide ir a buscar a su madre, a la que no conoce. Kikujiro, obligado por su mujer, no tiene más remedio que acompañar al chico, que tan solo posee una fotografía y una incierta dirección. El viaje de ambos, la búsqueda, los personajes con los que se va cruzando, el humor tan extraño al occidental... todo hace de esta comedia surrealista una enternecedora historia en la que los personajes se nos van acercando y el propio Kikujiro acaba convirtiéndose en un personaje entrañable, aunque nunca abandona su condición grotesca. Con esta película Kitano intentó quitarse el sambenito de autor de películas violentas. Se trata, en definitiva, de una película mínima que merece la pena ver, aunque hay que estar preparado para ver algo diferente a lo que el mercado nos tiene habituados.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Jobar, tú, has vuelto a publicar... voy a tardar meses en ponerme al día... veo que te has metido en política, no me extraña, es el camino propio del intelectual de izquierdas desencantado... y cuando tales sujetos se meten a juzgar el "arte" de la política me pongo a temblar... ay, ay, ay...
un quidam

Artemi dijo...

Qué alegría, un quidam, necesitaba un poco de diálogo y amistosa conversación este blog. En lo que a política se refiere quizá nunca lleguemos a estar de acuerdo, pero nos enriqueceremos mutuamente con nuestras visiones distintas. Saludos.

Anónimo dijo...

Este blog no es lo que era, ha perdido su materia.
Me despido de vosotros, os he tenido siempre mucho afecto, me voy para siempre de ésta barra, mi querida barra.....
Adiós

taitotean

Artemi dijo...

Adiós.

Anónimo dijo...

¿y qué es lo que era y ahora no es? ¿qué habrá cambiado? en cualquier caso hasta pronto... "nunca le des la mano a un pistolero zurdo" y "nunca digas nunca jamás" dos consejos que cada día me gustan más, ambos palpan la densa sustancia de lo humano (no "condición humana" dichosa palabritas que introdujo una filósofa bienintencionada)