domingo, agosto 19, 2007

Sacrificio, de Tarkovski (I)



Ayer vi por fin Sacrificio (1986),la última películade Tarkovski. Me la trajeron los Magos en una edición preciosa pero todavía no la había visto; no me gusta ver pelis solo y hasta ayer no encontré ninguna buena persona que quisiera verla.
En parte escribo esto por poner por escrito todo lo que me ronda por la cabeza tras ver la película y en parte por intentar dar alguna clave al bueno de quien la vio conmigo (ya os dije que lo mejor de Pamplona es la gente que estoy conociendo).
Como todas las películas de Tarkovski ésta también necesita reposo y más de uno y de dos visionados. He leído mucho sobre ella y pensado algo, así que algo me atrevo a decir.
Ésta es la última película del genio, como ya he dicho, y en ella lleva hasta el extremo todos los postulados estéticos que se adivinaban en sus anteriores filmes, como explica Rafael Llano en el ensayo que viene con el DVD. Por ejemplo, el primer plano-secuencia. De una duración extraordinaria, de una cotidianidad inusitada, de un ritmo lento... Tarkovski decía que la personalidad de un cineasta se manifestaba en el ritmo, y ya se advierte, desde el principio, que la suya es extraordinariamente contemplativa. Quiere reproducir con el ritmo de las secuencias, de los planos extensos y alejados de los actores, con el recreo en la naturaleza y en los silencios el ritmo de la vida, al menos de su concepción de la vida, espiritual, de una espiritualidad que choca con el materialismo que él tanto detestaba (tanto el marxista de su Rusia como el occidental). El comienzo de la película nos sumerge en un universo poético tan personal de Tarkovski, tan diferente, que hay que darle un tiempo; el extasis es un camino largo y arduo, y plano secuencia que abre Sacrificio lo muestra desde el principio.
La historia es sencilla. Un desatre nuclear asola la tierra. El protagonista, intelectual ateo, reza un Padrenuestro y hace un voto a Dios: separse de su familia y de su casa (lo que más quiere), hacer cualquier cosa... Una especie de revelación le llega por medio de Otto, el misterioso amigo; el "sacrificio" que debe realizar es pasar una nche con María, una criada de la casa, bruja a la sazón. así lo hace.Vuelve a casa. Como nos encontramos en el norte de Suecia la frontera entre eldía y la noche es muy sutil, como la frontera entre la vigilia y el sueño, la realidad y la fantasía. Aldespertarse todo ha vuelto a la normalidad. Quema la casa para consumar el sacrificio. Unos hombres se lo llevan al manicomio.
La película tiene múltiples lecturas, el autor no impone ninguna; la primera, todo ha sido un sueño (¿o no?), película fantástica de corte bergmaniano con el alicioente de la luz boreal y la espectacular fotografía de toda la "noche blanca".
La segunda lectura, la que se acerca más al modo de pensar de Tarkovski y a las declaraciones que hace antes, durante y después del rodaje de la película; el sacrificio individual de un hombre ha salvado a la colectividad. La fe y el voto hecho a Dios han tenido su recompensa y el sacrificio se lleva a cabo; se separa de la familia (de su hijo especialmente, como Abraham), quema de la casa, intercesora de una ¿bruja? llamada María... Es una lectura religiosa, pero no explícita ni impuesta.

(Continuará)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Te aconsejo una entrevista (inédita) de Tarkovsky http://www.elcultural.es/Historico_articulo.asp?c=20203
A mi personalmente no me acaba de convencer, tengo mi propia teoría, poco elaborada. Me parece que tiene una concepción de la vida en continua tensión moral (y así debe ser, claro que sí) pero el problema (no se si es un problema suyo, o de la cultura rusa) es que no cuenta con la virtud, tener hábitos nos permite no tener que estar continuamente pendientes de nuestros movimientos (imaginate que a un bailarín no le salieran automáticos determinados movimientos, acabaría agotado, cada movimiento genial, que exige una atención de todo su ser, comprende otros muchos que ya automatizado y que lo hacen posible, en eso consiste la virtud) en Tarkovsky no parece existir el hábito, cada decisión comprende la tensión de toda una vida. En cuanto a Bergman, cada vez me gusta menos. La mejor crítica a Bergman, siempre tan preocupado por el premio y el castigo (perspectiva que evidentemente no hemos de perder de vista)es Moreto, en su lindo de D.Diego, justamente castigado, sí, pero piadosamente. En fin... cada vez estoy más convencido que el equilibrio está cerca del mediterráneo donde la luz del día brilla con toda su claridad
Ale, a seguir disfrutando.
Un quidam

Artemi dijo...

Ahora mismo leo la entrevista y gracias por aportar a estemodesto blog otro puntode vista tan excelente. Quizás tengas razón, los rusos, los orientales en general siempre han adolecido de un exceso de espiritualidad que no va acompañado de virtudes. Sin embargo te voy a poner un "pero". La película "Sacrificio" se abre con un diálogo entre el protagonista y su hijo. Plantan un árbol seco y le dice que si lo riega durantetres años todos los días, florecerá. La película se cierra conel niño llevando dos cubos de agua con losque apenas puede; la fe va acompañada de obras, de unas obras que exigen disciplina, virtud.
En una entrevista que leí hacepoco Tarkovski habla precisamente de la necesidad de espiritualidad en Occidente y en Rusia..., pero también de hábitos morales, de disciplina, de virtudes. En fin, en parte tienes razón, pero todo es tan matizable...

Anónimo dijo...

continuo la discusión del post anterior. El matiz es la esencia del toreo. Tienes toda la razón. Pero me dejas un flanco fácil de atacar, ¿regar un arbol seco? para que la fe no sea irracional tiene que actuar sobre la naturaleza. La gracia no se salta lo natural. Siento ir a la contra, en este caso no es sólo un ejercicio dialéctico, goce que siempre me tienta, sino que creo que no tienes razón. Tarkovski tiene cosas muy buenas, buenísimas, los rusos también, pero hay que saber darles su justa medida para degustarlas y que no provoquen indigestión al sensible estómago occidental. Un quidam. Conste que aprendo mucho con tus comentarios.