martes, diciembre 12, 2006

México II

Buceando por mi caótico escritorio descubrí este cuento. Tiene la friolera de nueve años. Hoy no lo escribiría así. La verdad y la mentira se confunden, como dice Vargas Llosa, para intentar, sólo intentar en este caso, crear una nueva realidad. Espero que os guste.

Poncho

Esta historia está contada por su protagonista. Me he limitado ha apretar el botón de la grabadora y a escuchar. Luego lo he transcrito lo más fielmente que he podido, limando tan solo los mexicanismos que pudiesen entorpecer la comprensión del relato. No hay, pues, artificio literario:



"Me llamo Poncho y nací en este barrio que usted dice de chabolas, cuando hablaba con su amigo aquél. Sólo he salido una vez de él, este barrio es mi vida. Esa casita del tejado rojo es la de mis tíos. Justito detrás está la casita donde vivimos mamá, mi hermana y el cerdito que le dije. Mi papá no vive..., digo que no vive allá, no más, vivir no sé...

Mi mamá antes vivía allá, detrás de las montañas. Ahorita vendrá de trabajar y ella se lo dirá. No sé en que trabaja, sé que algunos hombres que a mí me parecen muy malos vienen de cuando en cuando a buscarla, y sé que siempre vuelve llorando y se encierra en su cuarto..., pero antes deja unas monedas en la mesita para que vaya al mercado a por la comida. Mi mamá no lo sabe, pero estoy ahorrando para comprar una bicicleta y poder conseguir la plata sin que ella tenga que llorar..., tampoco sabe que mi hermana, Anita, llora cuando vienen los hombres malos. Entonces yo me pongo a distraerla y jugamos con el cerdito o con los vidrios de colores que colecciono. Entonces ella se olvida y no llora hasta que mamá está de regreso y se encierra...

La escuela es lo mejor. Allá tengo muchos amigos, pero mamá fuera de la escuela no me deja estar con ellos, tiene miedo de que de mayor tome y me haga malo como muchos, como papá, se le escapa a veces. Óscar es mi mejor amigo, es chaparrito y moreno y yo a veces tengo que defenderlo, que se meten con él. Es indito y sus papás me tienen mucho cariño. No saben hablar bien y por eso sufren mucho y no quieren conocer a mamá. Mi mamá lo sabe y para no apenarles, cuando va a la iglesia, que está más allá de la escuela, se queda en una esquina quietita para que no la vean.

Yo, a quien más quiero después de a Anita es a Óscar. Él fue quien me estaba curando las heridas con su saliva cuando usted me conoció, cuando salté la tapia llena de cristales que me clavé. Huía de mi primo. Todo empezó hace dos días. Mi mamá estaba llorando en el cuarto y yo montaba en el cerdito a Anita. Apareció mi tío, gritaba a mamá. Estaba muy enojado y además había tomado. Le decía a mamá que hacía dos meses que no pagaba el alquiler de la casa, que es suya. Tomé un cuchillo y lo eché. No, no se crea, estaba tomado y aunque tenga sólo nueve años se asustó al verme lleno de coraje.

Fue entonces cuando ayer vino mi primo para vengarle y darme una paliza. No es que sea un cobarde, pero mi primo, que tiene seis años más que yo, toma y cosas peores y va siempre con una navaja. Él corre más que yo, pero es menos ágil, por eso salté tejados y tapias hasta que di con aquella, la de los cristales, que me clavé en las manos y en las muñecas, y me puse a llorar. Mi primo, al verme así, me escupió y se fue.

Óscar, que vive allá al ladito vino para curarme. Es mi mejor amigo. Sabía que si le veía mi primo le daría una paliza. Y lo vio. Por eso hoy ninguno de los dos hemos ido a la escuela...

Ya le dije que sólo una vez he salido del barrio. Fue un día que uno de esos hombres malos llegó a casa. Mi mamá no quería ir con él, pero la obligó: la metió en el coche arrastrándola. Yo les seguí corriendo, luego agarré una bici, no sé de quién era, pero entienda que estaba enojado y lleno de coraje y no lo pensé. Seguí el coche sin perderlo gracias a los atascos.

El coche llegó a una casa cerca de la villita. Allí se metieron y yo un poco después... Me abrió el hombre malo. Me preguntó qué quería. Quería ver a mi mamá. Estaba llorando y me temblaban las piernas por el miedo, digo yo, el caso es que el señor malo me dejó entrar. Encontré a mi mamá en una alcoba. La abracé y estuvimos así unos minutos. Lueguito entró el hombre malo y mi mamá dijo que esperara fuera. De esto hace como cuatro meses.

Salí a la calle y como estaba al lado la villita fui a ver a la Señora para pedir por mamá, por Anita y por el cerdito. A cambio de que les cuidara le prometí que el próximo curso dejaría la escuela y trabajaría para que mamá no tuviera que llorar nunca más. Usted me dijo que tenía que seguir estudiando y me dio un montón de razones, y casi casi me convence..., ahora sabe que no voy a hacerlo, y espero que no se enoje. Yo soy buen estudiante, me gusta aprender, sobre todo de naturaleza y animales, no se crea que lo hago por vago, lo hago por lo que ya le dije.

Allá viene mi mamá. Como lo ha visto a usted y le tiene mucho respeto se está secando las lágrimas. Por favor, venga más a menudo, usted hace que mamá sonría... Sólo Anita lo consigue también. Anita es la que viene corriendo detrás de mamá..."

México, Julio de 1998

Comí en casa de Poncho, con la mamá, Anita y el marranito. Al terminar la cena la mamá dio un sobre para los tíos, habría trabajado duro ese día. Poncho sonreía, siempre sonreía. Desde que lo conocí no dejó de hacerlo.

3 comentarios:

Lou Cai dijo...

Dura realidad la de México. Dura vida la de Poncho. Espero que las cosas hayan mejorado por allí. Si vuelves, no descuides visitarle. Un saludo.

Artemi dijo...

Lou Cai, simplemente agradecerte tus comentarios. Me anima a seguir escribiendo saber que al menos un par de personas me leen de vez en cuando... No sé si nos conocemos, con esto de los nicks uno ya no sabe... Un saludo.

Lou Cai dijo...

Es un placer para mí haber conocido este blog. Me encanta tu forma de escribir, de hablar, de pensar, en general. La verdad es que sí nos conocemos, aunque no mucho. Y no estoy muy seguro de que me pongas bien la cara (en el sentido de reconocerme). Aunque prefiero seguir usando mi nick virtual (algún día ya me pillarás, me delata mi forma de escribir, dicen). Igualmente, sabes que tienes todos mis ánimos a seguir escribiendo. Y sabe que te sigo con atención. Un saludo,
Lou Cai